Sao Paulo es una ciudad de contrastes bestiales. La uniformidad, lejos de quedarse aquí, huyó despavorida. No hay un ensanche barcelonés, ni siquiera la linealidad del barrio de Salamanca en Madrid. Al espacio paulistano le cayeron encima demasiado millones de habitantes y quedó embutido, con sus cementerios embutidos y su fatídico aeropuero de Congonhas en medio de la ciudad, cerca de edificios de cientos de plantas.
Si alguna vez abandono la Comunicación Política, quiero dar Sociología Urbana en la Universidad de Sao Paulo...
Foto: "tarde de domingo embutida"
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